The Top Five Regrets of the Dying, Bronnie Ware

Los cinco grandes arrepentimientos de los moribundos

1- Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los otros esperaban que hiciera;

2- Ojalá no hubiera trabajado tanto;

3- Hubiera deseado tener el coraje de expresar lo que realmente sentía;

4- Habría querido volver a tener contacto con mis amigos;

5- Me hubiera gustado ser más feliz.

Estuviste perfectamente bien, de Dorothy Parker



El joven pálido se acomodó cuidadosamente en la silla y movió la cabeza a un lado, reclinándola en la pared, para que el tapiz fresco le aliviara la sien y la mejilla.

—Ay, mi amor —dijo—. Ay, ay, ay, ay mi amor. Ay.

La muchacha de ojos claros, sentada en el sofá, erguida y tranquila, le sonrió vivamente.

—¿Ya no te sientes tan bien como ayer? —dijo ella.

—Qué va, estoy muy bien —dijo él—. Estoy flotando. ¿Sabes a qué hora me levanté? A las cuatro de la tarde, en punto. Traté de levantarme, pero cada vez que quitaba la cabeza de la almohada, se me iba rodando abajo de la cama. La cabeza que traigo puesta no es la mía. Creo que ésta era de Walt Whitman. Ay, mi amor. Ay, ay, mi amor.

—¿Tú crees que con un trago te sentirías mejor? —dijo ella.

—¿Un poco de lo que me noqueó anoche? —dijo él—. No, gracias. Por favor ya nunca vuelvas a mencionarme eso.

Estoy muerto. Estoy muerto, completamente muerto. Mira mi mano; tan quieta como un colibrí. ¿Y me vi muy mal anoche?

—Ay, no inventes —dijo ella—, todo el mundo se puso hasta atrás. Tú estuviste muy bien.

—Claro —dijo él—. Seguro se me salió lo galán. Todos deben estar enojados conmigo.

—Por favor, claro que no —dijo ella—. Todos se divirtieron con lo que hacías. Claro que Jim Pierson se enojó un poco a la hora de la cena. Pero la gente lo regresó a su silla y lo calmaron. En las otras mesas ni se dieron cuenta. Nadie se dio cuenta.

—¿Me iba a pegar? —dijo él—. Ay, Dios mío. ¿Qué hice?

—Nada, no hiciste nada —dijo ella—. Estuviste perfectamente bien. Pero ya sabes cómo se pone Jim a veces, cuando se le ocurre que alguien se está metiendo con Elinor.

—¿Me le lancé a Elinor? —dijo él—. ¿Eso hice?

—Claro que no —dijo ella—. Sólo estuviste haciéndole chistes, eso fue todo. Le pareciste simpatiquísimo. Ella estaba muy divertida. Sólo una vez se desconcertó un poco: cuando le echaste por la espalda el caldo de almejas.

—No, no me digas —dijo él—. Caldo de almejas por la espalda. Cada vértebra como concha. Ay, Dios mío. ¿Qué voy a hacer?

—No te preocupes, ella no te va a decir nada —dijo ella—. Nomás mándale unas flores, o algo así. Por eso no te preocupes. No es nada.

—No, si no me preocupo —dijo él—, ni tengo nada de qué apurarme. Estoy muy bien. Ay, mi amor, ay. ¿Y qué otro numerito hice en la cena?

—Ninguno. Estuviste muy bien —dijo ella—. No te pongas así por eso. Todo el mundo estaba fascinado contigo. El maître d’hôtel se apuró un poco porque no parabas de cantar, pero en realidad no le importó. Sólo dijo que tenía miedo de que con tanto ruido le volvieran a cerrar el lugar. Pero ni a él le importó. Bueno, estuviste cantando como una hora. Pero después de todo, no fue tanto ruido.

—Entonces me puse a cantar —dijo él—. Un hitazo de seguro. Me puse a cantar.

—¿Ya no te acuerdas? —dijo ella—. Estuviste cantando una tras otra. Todo el mundo te estaba oyendo. Les encantó. Lo único fue que insistías en cantar una canción sobre no sé qué fusileros o qué cosa, y todo el mundo empezó a callarte, pero tú empezabas de nuevo. Estuviste maravilloso. Hubo un rato en que todos tratamos que dejaras de cantar, y que comieras algo, pero no querías saber nada de eso. En serio que estuviste divertido.

—¿Qué, no probé la cena? —dijo él.

—No, nada —dijo ella—. Cada vez que venía el mesero a ofrecerte algo, te lo echabas en la bolsa: porque le decías que él era tu hermano perdido, que una gitana lo había cambiado por otro en la cuna, y que todo lo tuyo era de él. El mesero estaba doblado de la  risa.

—Seguro —dijo él—. Seguro que estuve cómico. Seguro que fui el Payasito de la Sociedad. ¿Y luego qué pasó, después de mi éxito arrollador con el mesero?

—Pues nada, no mucho —dijo ella—. Te entró una especie de tirria contra un viejo canoso que estaba sentado al otro lado del salón, porque no te gustó su corbata de moño y querías decírselo. Pero te sacamos antes de que el otro se enojara.

—Ah, ya nos salimos —dijo él—. ¿Y pude caminar?

—¡Caminar! Claro que caminaste —dijo ella—. Estabas muy bien. Bueno, la banqueta tenía una capa de hielo y te resbalaste. Un sentón. Pero por favor, eso puede pasarle a cualquiera.

—Sí, claro —dijo él—. A la señora Hoover o cualquiera. Así que me caí en la banqueta. Por eso me duele el... Sí. Ya entendí. ¿Y luego qué? Digo, si te importa.

—¡Eso sí no, Peter! —dijo ella—. No puedes quedarte sentado ahí y decir que no te acuerdas de lo que pasó después de eso. Creo que sólo te viste un poco mal en la mesa; pero en todo lo demás estuviste perfectamente bien, yo sabía que te estabas sintiendo muy bien. Pero desde que te caíste te pusiste muy en serio, yo no sabía que tú fueras así, ¿No te acuerdas de cuando me dijiste que yo nunca antes había visto tu verdadero yo? No puedo permitirte, nomás no puedo, que no te acuerdes de ese hermoso paseo en el taxi. De eso sí te acuerdas, ¿verdad? Por favor, si no te acuerdas, soy capaz de matarme.

Parker

—Ah, sí —dijo él—. El paseo en el taxi. Ah, sí, de eso sí. Fue un paseo muy largo, ¿no?

—Vueltas y vueltas y vueltas por el parque —dijo ella—. Los árboles se veían tan hermosos a la luz de la luna. Y dijiste que nunca antes te habías dado cuenta de que de veras tenías corazón...

—Sí —dijo él—. Yo dije eso. Yo fui.

—Dijiste unas cosas tan pero tan bonitas —dijo ella—. Y yo nunca me había dado cuenta de todo lo que tú sentías por mí y no me había atrevido a mostrarte lo que yo siento por ti. Pero lo de anoche, Peter; creo que la vuelta en el taxi es lo más importante que nos ha pasado en nuestras vidas.

—Sí —dijo él—. Creo que sí.

—Y vamos a ser tan felices —dijo ella—. Quisiera contárselo a todo el mundo. Pero no sé; creo que sería más dulce si lo guardamos como un secreto entre nosotros.

—Yo creo que sí —dijo él.

—¿No es muy hermoso? —dijo ella.

—Sí —dijo él—. Fabuloso.

—¡Encantador! —dijo ella.

—Oye —dijo él—, ¿no te importaría que me tomara un trago? O sea, médicamente, ya sabes. Estoy muerto, ayúdame por favor. Creo que me va a dar un colapso.

—Sí, un trago te va a caer bien —dijo ella—. Pobrecito, qué pena que te sientas tan mal. Voy a hacerte un jaibol.

—Yo, la verdad —dijo él—, todavía no me explico cómo me sigues dirigiendo la palabra después del ridículo que hice anoche. Yo creo que mi única salida es meterme a un monasterio en el Tíbet.

—¡Estás loco! —dijo ella—. No te voy a dejar ir ahora. Ya deja de pensar en eso. Estuviste perfectamente bien.

De un salto ella se paró del sofá, lo besó con rapidez en la frente y salió corriendo de la  habitación.

El joven pálido la vio alejarse, movió la cabeza lentamente y luego la dejó caer sobre sus húmedas manos temblorosas.

—Ay, mi amor —dijo—. Ay, ay, ay, Dios mío. n

Traducción de Antonio Saborit

“Ahora sabemos volar”: indígenas presos en Chiapas

Paris Martínez
I.
Fue “de común acuerdo” que Juan se robó a su novia. Pero eso de decir “se robó” es, dice Pedro (amigo de Juan), casi-casi sólo por seguir la tradición… la tradición de decir “se robó”, porque en realidad todo fue de “común acuerdo”.
La cosa es que Juan y su novia se querían y se fueron a vivir juntos. Pero el papá de la novia no quería a Juan, así que lo acusó de secuestro.
Para saber de Juan, la policía chiapaneca fue por Pedro y por Rosario, cercanos a él. Rosario tenía cuatro meses de embarazo.
Pedro y Rosario fueron golpeados por la policía, hasta confesar su supuesta participación en el secuestro de la novia, y ambos, junto con Juan, ven hoy el día llegar e irse, como ayer, y como antes de ayer, y así desde 2006, en el penal número 5, de San Cristóbal de las Casas.

II.
Para poder visitar a Juan, a Rosario, a Pedro, a Alberto, a Alejandro, a Francisco, viniendo de fuera, se deben cruzar cinco controles de seguridad: en el primero, un sello oficial del reclusorio es estampado en el dorso del antebrazo; en el segundo quedan llaves, celulares, grabadoras; en el tercero una reja se abre, tras mostrar el sello en la piel y un trozo de madera con un número inscrito en él; y en el cuarto aguarda Alberto Patishtán, como quien recibe en la puerta de su casa a las visitas ansiadas, que en este caso son 20 integrantes del Movimiento por la Paz, que vienen a presentarle sus respetos.
Alberto está preso desde hace 12 años, y solía ser profesor en El Bosque, convulso pero ignorado municipio chiapaneco, donde en 1998 un conflicto entre la presidencia municipal oficial y las autoridades electas a través del sistema de usos y costumbres, aunque no reconocidas por el Estado, dejó al menos nueve muertos, tras la intervención de las fuerzas de seguridad.
Es en el marco de esta pugna que el profesor Patishtán fue acusado, en el año 2000, de asesinar a siete policías, en una emboscada en la que los sobrevivientes, de principio, dijeron no reconocer a ningún atacante por hallarse encapuchados.
Pese a ello, Alberto fue condenado a 60 años de prisión y, desde 2006 es el rostro más visible de la organización de personas presas injustamente en Chiapas denominada La Voz del Amate (en referencia a uno de los penales de esta entidad, en el que iniciaron huelgas de hambre cosiéndose los labios).
Alberto es el encargado de conducir a los visitantes a través del quinto puesto de control, donde los custodios, prestos, abren la reja que da paso a los patios del penal de San Cristóbal.

III.
Pedro es un joven sonriente, de mirada perspicaz, que fungió como los “ojos” de Alberto cuando, por una negligencia médica, estuvo a punto de quedar ciego, hace tan sólo unos meses.
Pedro tiene seis años preso y en su condena quedan 31 por cumplir. Pedro es el amigo de Juan y ambos, junto con el puñado de presos que rodean a Alberto, son los integrantes de La Voz del Amate.
“Lo que a nosotros nos urge es difundir que queremos nuestra libertad –explica Pedro–. Y no sólo la nuestra, sino la del 80% de los presos que, como en esta cárcel, están recluidos siendo inocentes, y que en la mayoría de los casos son indígenas, todo por causa de la corrupción que impera en el sistema de justicia.”
Pedro es, afirma, un defensor de los derechos humanos de los reclusos chiapanecos, víctimas, subraya, de negligencias médicas sistemáticas, de injusticias procesales de todo cuño y de constantes maltratos por parte de las autoridades penitenciarias.
“Nosotros no tenemos estudios –dice Pedro–, yo llegué aquí con sólo tercer año de primaria, y en prisión he estudiado y ya voy por la preparatoria… el maestro Patishtán nos ha enseñado a defendernos, nos ha enseñado mucho y ahora queremos enseñar a otros.”
La mirada de Pedro revolotea entre los invitados a la mesa, en la que sólo se sirve café endulzado con piloncillo, mientras explica cómo, mediante huelgas de hambre y denuncias públicas, a nivel nacional e internacional, La Voz del Amate ha logrado obtener, “por ahora”, el trato respetuoso que sus integrantes esperan dentro del penal, aunque falte todavía la justicia que venga de fuera y les devuelva la libertad. “Llevo seis años aquí –subraya Pedro–, y esos ya nadie me los repone, pero ansío salir, porque me acusan de un delito que no cometí, t aún con la libertad la lucha no termina, porque como una vez me escribió el profesor Alberto en una carta, que me envió desde uno de los penales al que lo trasladaron en represalia por las actividades que realizábamos, ahora nosotros somos como pajaritos, ahora sabemos volar… quizá yo aún no vuele muy bien, pero cada vez puedo llegar a árboles más lejanos, y ahí nos vamos, de árbol en árbol… el camino no termina.”

IV.
“Yo no sé tanto como los otros compañeros –dice Rosario, condenada a 27 años de prisión por el secuestro de la novia de Juan–. Pero seguiré luchando, junto a mis compañeros, para que a ninguna mujer en Chiapas le hagan lo que a mí.”
Rosario es una mujer joven, morena, cuyos pómulos enrojecen con las sonrisas, pero más con las lágrimas.
“Yo fui detenida el 10 de mayo –cuenta–, los policías me golpearon hasta sacarme una confesión, y me golpearon aunque estaba embarazada. Mi hijo nació en el penal, cuando nació no se movía, nació con parálisis cerebral a causa de los golpes que me dieron, él sufrió las consecuencias… Y yo comencé a luchar con los compañeros, no porque quisiera mi libertad, sino que quería salir de aquí para que mi hijo recibiera atención médica, quería verlo caminar, escucharlo decir ‘mamá’, pero no lo logré: mi hijo murió el año pasado, y yo ya no quería nada, ni la libertad, porque él se había ido… pero un día me levanté, caí en cuenta de que tenía otros hijos por los que era necesario vivir, seguir el camino, luchar para que ninguna mujer pierda a su hijo porque la policía la golpeó…”
Nadie más habla cuando Rosario habla. Nadie mueve una pestaña. Incluso las moscas dejan de volar por encima de los vasos de café.

V.
Son 20 los visitantes, pero es uno en particular quien lleva a los presos chiapanecos la voz de las víctimas agrupadas en el Movimiento por la Paz: Melchor Flores, padre de El Vaquero Galáctico, artista desaparecido en 2009 por policías de Nuevo León, y quien el pasado martes cumplió 30 años, los últimos cuatro de los cuales ha estado lejos de casa.
Pero pese a su ausencia, les dice Melchor a los presos de La Voz del Amate, “al final hay una luz, una luz llamada Esperanza, llamada Justicia, llamada Paz… yo no he dejado de luchar, de caminar, en busca de mi hijo, al que una vez le dije que se dejara de chingaderas y se pusiera a trabajar, cuando me dijo que quería viajar a Chiapas para conocer a los zapatistas, cuyas ideas él seguía… y mírenme, hoy soy yo el que está aquí, luchando como él quería hacerlo, suigiendo las ideas de nuestros hermanos, las ideas de ustedes… por eso –les dice Melchor–, reciban en nombre de las víctimas un mensaje de dolor, del dolor que nos embarga, y de amor, del amor por nuestros hijos.”

VI: epílogo
Sólo una hora ha durado la charla, tiempo insuficiente para hacer hablar a Juan sobre su novia. Pícaro ríe, cuando se le pregunta si aún lo visita, si el amor trascendió las cinco postas de seguridad. Pícaro ríe, solamente, pero sus ojos tristes dejan ver que nunca volvió.
Fuera, un ejército de pinos rodea el penal número 5 de San Cristóbal de las Casas, y en sus copas, una parvada de pajaritos se burla, en trinos frenéticos, de sus altos muros, y de sus rejas con alambre de púas, y de sus guardias vestidos de negro y de armas de alto poder.

Fuente: ANIMAL POLÍTICO

Instantes, Jorge Luis Borges

Al leer un artículo publicado en la revista Nexos, me topé con otro igualmente interesante: Iván Almeida, hace algunos años logró desenredar la maraña autoral en la que ha caído el famoso poema Instantes, el cual se atribuye a Nadine Stair y a Jorge Luis Borges.

El poema no era ni de Borges ni de Stair, sino de un escritor humorístico llamada Don Herold que publicaba mensualmente en el Reader’s Digest. Acá un fragmento del texto de Almeida:

L’illusion comique

El 11 de febrero de 1999, un mensaje electrónico remitido por Ilza Carvalho me advierte de la existencia del texto “If I had My Life to Live over”, firmado por el caricaturista americano Don Herold, en la revista Reader’s Digest de octubre de 1953 (cuando Borges tenía 54 y Nadine 55 años). Mi amable interlocutora me comunica además que está en contacto telefónico con la hija del célebre caricaturista, la escritora Doris Herold Lund, quien confirma sin equívocos la autoría de su padre. 

Para desvelar el misterio por completo, recomendamos leer todo el texto de Iván Almeida

El fallido plan de Stalin en México, JUAN ALBERTO CEDILLO

Documentos recientemente desclasificados a instancias de The National Security Archive con sede en Washington revelan detalles de la llamada Operación Gnomo. Se trató de un plan tramado por José Stalin y Laurenti Beria, siniestro jefe de la KGB, para rescatar de la cárcel mexicana de Lecumberri a Ramón Mercader, el asesino de León Trotsky. Los pormenores del plan, expuestos ahora en estas páginas, reúnen los elementos de una novela de espías, aderezada con intrigas, pugnas y maquinaciones orquestadas por los servicios secretos soviéticos y en la que participaron conocidos mexicanos.

MONTERREY, N.L. (Proceso).- Ramón Mercader, quien se ocultaba bajo el nombre de Jacques Mornard, abandonó su departamento del Edificio Ermita alrededor de las 15:00 horas para abordar su lujoso Buick y tomar la Avenida Revolución rumbo a Coyoacán. A pesar del atardecer soleado y caluroso, portaba una gabardina sobre su fino traje de casimir. En una de las bolsas llevaba una carta donde “confesaba” sus motivos para el crimen que iba a cometer. En otra parte de la prenda ocultaba una daga y en la bolsa del pantalón una pistola. En el forro de la gabardina escondía un piolet al cual le recortó el mango y podía sacarlo con facilidad para atacar a su víctima.

Su auto era escoltado por otro vehículo donde viajaban su madre y el amante de ésta. Los amantes, quienes se habían conocido en el fragor de la Guerra Civil española, confiaban en que todo marcharía de acuerdo con los planes. El método que se utilizaría para perpetrar el asesinato ya había mostrado su eficacia para eliminar a un diplomático en la embajada soviética de Teherán.

Día del amor y la amistad, en Chalco linchan a los enamorados

Linchado en Chalco era enamorado, no plagiario. El amor que José Manuel sentía por su novia lo llevó, junto con dos de sus amigos, a una muerte terrible. Con piedras, palos y puños, la turba agredió a los jóvenes, dos de 16 años y uno de 26, sin que éstos supieran bien a bien de qué se les acusaba. Y así acabaron sus días: vejados por los golpes, desnudos y quemados vivos. Diario Reforma.

Reforma publica que los tres hombres linchados el fin de semana en Chalco, Estado de México, fueron asesinados por problemas amorosos y no porque fueran delincuentes o secuestradores, como afirmaban sus agresores. Animal Político.

Lanzar piropos a las jovencitas de San Mateo Huitzilzingo le costó la vida a José Manuel Mendoza Gil, de 26 años de edad, y a los menores de edad Luis Alberto y Raúl, quienes el pasado viernes fueron linchados por una turba de más de 500 personas quienes los acusaban de secuestradores. La Jornada.

No hay indicios de que las tres personas linchadas el viernes en Chalco fueron secuestradores y todo apunta a que eran personas inocentes, aseguró el procurador general de Justicia del Estado de México, Alfredo Castillo. Milenio Diario.

John Kacere, precursor del fotorrealismo americano

Walker, Iowa, 1920 - 1999
Pintor y Grabador, considerado uno de los precursores del fotorrealismo americano.
Fue un pintor abstracto desde 1950 hasta 1963, pero se mudo a un estilo realista. Ha sido considerado como foto-realista o hiperrealista, aunque nunca ha adoptado la metodología de dichas escuelas. Desde 1963, se concentró en la temática femenina.
www.meiselgallery.com

El Instituto Cervantes publica «El sabor de la eñe. Glosario de gastronomía y literatura»

Paseo por la gastronomía y la literatura en «El sabor de la eñe», del Instituto Cervantes
El libro invita a saborear la literatura en español con recetas culinarias y con textos de 57 autores de todos los países hispanohablantes
El Instituto Cervantes publica “El sabor de la eñe. Glosario de gastronomía y literatura”, un libro que contiene 59 breves “bocados literarios” de autores españoles e hispanoamericanos acompañados por las correspondientes recetas para elaborar esos alimentos. El volumen, editado en pequeño formato, pasa revista a la estrecha relación entre las palabras y la comida, e invita a saborear la literatura en español a través de las innumerables referencias a nuestras delicias culinarias.

A lo largo de sus 204 páginas, “El sabor de la eñe” ofrece un glosario de términos básicos de gastronomía, junto con textos alusivos a ésta de 57 escritores, así como un recetario que nos acerca a los fogones y hábitos alimenticios de todos los países hispanohablantes. Con ello se evidencia el peso fundamental que tiene el elemento culinario sobre la escritura en lengua española.

Con una tirada inicial de 1.500 ejemplares, esta edición no venal se distribuirá por la red de centros del Instituto Cervantes, muchos de los cuales vienen celebrando múltiples actividades relacionadas con la gastronomía y la cocina como elementos representativos de la cultura hispanohablante.