Robert DUNCAN

UNA SECUENCIA DE POEMAS PARA EL CUMPLEAÑOS DE H.D.,
Septiembre 10, 1959. Finalizado en octubre 24, 1959.
(Fragmentos)

3

Padre adoptivo y Padre de mi alma,
Padre de raíces y razas, Padre de todo,
Padre que es Rey del palacio del sueño,
Padre pendiente de mí Su hijo,
Padre que es Dios entre los dioses ancestrales,
Padre reflejado en los rostros de los padres
cuyo amor por sus generaciones es eterno,

Padre esperado, Padre oculto,
Padre que ha escondido Su ley en mi corazón,
Padre que me ha dado las llaves de la alegría,
Padre para quien fructifica mi arte,
Padre que ha enviado un mensaje de bendición,
encarad a Jehová que envidia Vuestro lugar.

Padre cuyo Amor parió al Amante,
Padre en el sol, Padre en el aire,
Padre a la espera de mi regreso del terror,
Padre quien acogió a Cristo liberado de nuestros pecados,
Padre que es arquitecto de la ciudad eterna,
ayúdame a transmitir mi porción de tu imagen.

Padre que crece en la planta,
Padre que anima al animal,
Padre cuya angustia se debe a nuestro sufrir,
Padre cuya presencia dice que hay alegría aun en el infierno,
Padre que debe hallar Su cara en un espejo de mí,
Padre no creado, Padre en evolución,
Padre cuya firma está en el lazo químico,
cuánto tiempo me has buscado;

yo soy tu hijo.


4

Lo esencial de la historia que he conocido, quizás entre las primeras historias que supe: que ella murió cuando nací. ¿Dijeron que fue en el alumbramiento, porque mi cabeza era muy grande, al rasgar mi camino a la vida en su agonía? ¿O fue a causa de la fiebre? Ella murió en la epidemia de gripe de 1919 en las postrimerías de la guerra.
Al alba en Oakland en el frío del año en que nací, enero 7, con el sol antes de salir o justo bajo el horizonte en el falso amanecer y Saturno en su propia casa, en Capricornio. Pero eso es según la antigua convención astrológica. En realidad, el sol ha avanzado; el solsticio de invierno ha progresado hacia el signo de Sagitario. Yo nací en la cabeza del arquero.
Lo importante permanece: lo oscuro del año, la entrada del verdadero frío de febrero y marzo, de la fiebre y el frío.
Edward Howard Duncan fui nombrado. Y por seis meses mi padre, el otro Eduard Howard Duncan, pudo haberme conservado y mis dos hermanas mayores cuidado de mí. Pero mi padre era pobre, un jornalero común. A él no le alcanzaba. Entonces, debió haber un periodo en un hospital, aguardando la adopción.

La médium dijo: “Su madre está aquí”.
Sólo pude pensar en mi madre adoptiva que vivía, quien no estaba ahí. “¿Qué color de pelo tiene?”, pregunté.
“Ella es rubia”, dijo la voz en la médium. “Está en la luz. Ahí, ahí hay cantos alegres. Ahí, son felices. Ella vela por ti”.

La voz, enrarecida, emitida desde la cabeza, fuera de lugar. La cabeza forzada sobre la superficie de fieltro de la mesa. Los ojos cerrados. Debajo de la inteligencia.

“¿Qué eres tú?”, pregunté, aplicando la cosa subliminal. No recuerdo el parloteo de la idiota. Era un niño, ansioso de ser invitado a jugar. Ven, anciana, estás llena de voces para decir lo que sea. Mi madre está viva, allá, a cuatrocientas millas de aquí. Tiene ojos y pelo oscuros.

Primera madre. Segunda madre.

Robert me pusieron por un amigo de mi padre adoptivo que había muerto. Y diluyeron mi antiguo nombre Edward. Robert Edward Symmes.

Corriendo por la nieve hacia mi madre me caí, y los lentes de sol se rompieron. Ésa es otra historia que explica cómo fui cegado y me volví bizco.
Tuve siempre el doble recordatorio, el desplazamiento de visión vertical y horizontal que luego se separó, especializada en una visión cercana y lejana. Una imagen a la derecha y sobre la otra. Alcanzar y tocar. Apuntar al que en realidad está ahí.

Pero cuando fui con la médium, ya había asumido mi propio nombre. Robert, pues mi nueva madre me llamaba Robert (Robin cuando más me amaba). Y Duncan que tenía de mi padre sanguíneo quien aún vivía en alguna parte según oí. El otro, que había sido el arquitecto, mi padre por la ley, había muerto a mis dieciséis.

Cuánto esperó mi madre por mí, toda su vida, como alguien que espera ver al fin una vez más a un amigo o a un hijo que vuelve desde lejos antes de que muera. No, la segunda madre, que me esperó con incertidumbre y con esperanza por seis meses cuando estaba escondido. Ella pudo todo menos haber descreído que un hijo había nacido como le habían dicho que él lo haría, en lo negro de Saturno y el sol bajo el horizonte o apenas saliendo

al agitado y pueril día .

Oh ahora recuerdo sartas de odio y amor, rayos del estruendoso sol,
y cómo enfurecí en mi pubertad acercándome a la mujer que eras, temblando en las agonías de tus maternales brazos.

La médium se estremeció, creo, con el cambio de voces. No recuerdo con claridad, pero había dos, ambas aniñadas, subnormales como siempre lo son. Nada confiable, ladina: “Tu madre está a tu lado. Te saluda. Es muy feliz”.

De regreso, recordé que había existido una primera madre. “La médium dijo que mi madre estaba ahí. ¿Cómo lucía?”, pregunté a mi madre.
“Había un retrato”, dijo. “¿No te acuerdas?”
Lo inventó. Nunca hubo un retrato.
“¿Tenía cabello claro?”

“Siempre conservé un retrato suyo en tu cuarto cuando eras chico, pero nunca te importó. Ahora se ha perdido. No recuerdas nada. Nunca te importó.”

Considerado uno de los poetas más importantes del siglo XX, Robert Edward Duncan, (Edward Howard Duncan) nació el 7 de enero de 1919, en Oakland, California, siendo hijo de Edward Howard Duncan, jornalero, y de Marguerite Pearl Carpenter, que murió en el parto.

Su padre no podía permitirse retenerlo por lo que en 1919 fue adoptado por el arquitecto Edwin Joseph Symmes y su esposa Minnehaha Harris, quienes le pusieron el nuevo nombre de Robert Edward Symmes. Los padres adoptivos de Duncan eran Teosofistas devotos y escogieron a su hijo después de consultar los horóscopos y los cuadros astrológicos que se relacionaban con su parto. La Teosofía era una religión minoritaria que tuvo cierta popularidad en el siglo XIX, aupada por un personaje controvertido que se autodenominada Madame Blavatsky (El poeta Yates también fue seguidor de esta corriente en su juventud). La teosofía, que propugna la creencia en la reencarnación y en la "unidad esencial del espíritu", se basa en una mezcla de religiones y filosofías.

Fue así que, Duncan creció en un ambiente cargado de ocultismo, con sus reuniones de la hermandad hermética, y con unos padres que contaban con una biblioteca de literatura oculta por lo que su poesía está fuertemente influenciada por esta atmósfera. 

Luego de un accidente sobre la nieve a los tres años, Duncan quedó con una ligera bizquera, un hecho que pareció confirmar la "Visión doble" del mundo que sus padres previeron para él en la interpretación de sus propios sueños.

Por mucho tiempo fue un homosexual en el armario, y no es sino hasta 1943 cuando Duncan, ya cansado de los amantes masculinos, recurre a Marjorie McKee para tener su primer encuentro sexual con una mujer. Se casaron poco después y a los pocos meses se divorciaron después de un aborto. Un año después, tras una temporada breve en Florida, se hizo gigoló en Nueva York, según comentó a algunos entrevistadores.

En 1951 Duncan conoció a su amante de toda la vida, el pintor y collagista Jess Collins, con quien vivió en San Francisco. Collins realizó ilustraciones para muchos de sus libros, siendo el estilo del collage fundamental para ambos artistas.

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