Encuentran muerto a David Foster Wallace

Encontraron el cadáver de David Foster Wallace, el niño milagro de las letras norteamericanas, el pasado viernes por la noche en su casa de Claremont, Los Ángeles. El escritor, de 46 años, estaba de baja de su taller de escritura creativa en la Universidad de Pomona. Lo encontró su mujer, cuando volvió a casa sobre las nueve de la noche. Según revela el parte policial, se había ahorcado.

Foster Wallace ha sido un escritor precoz, un ironista triste y extremo en sus planteamientos, tanto lingüísticos y literarios como vitales. Publicó su primera novela, The broom of the system (1987) a los 24 años y funcionó en un mercado donde triunfaban Bret Easton Ellis y Paul Auster. Según el New York Times, Foster Wallace "intentaba darnos un retrato, mediante una combinación de juegos de palabras propios de Joyce, parodias literarias y una aventura cómica picaresca, sobre un Estados Unidos contemporáneo que ha enloquecido".

Infinite jest (Una broma infinita), publicada en 1996, terminó de configurar su nombre entre los grandes hechos de la literatura norteamericana actual. Representante quizá de un nuevo gótico americano donde, cambiando la dulzura aparente de Flannery O'Connor por el humor esperpéntico, nada también Thomas Pynchon, su "broma" fue un libraco de 1.092 páginas y otras 115 páginas de notas, fragmentado y sin embargo coherente, de estructura más circular que lineal y referencias shakespearianas. Y decididamente milagroso: contra todo pronóstico, escaló rápidamente las listas de ventas y apareció en la lista de la revista Time entre las 100 novelas inglesas del siglo.

Gracias a estas novelas y a su colección de extraños relatos La niña del pelo raro, Wallace recibió la beca Genius de la fundación Mac Arthur. Después llegarían las Entrevistas breves con hombres repulsivos (1999) y Extinción (2004), obras menores aunque cuidadas, además de colaboraciones más o menos regulares en las revistas más prestigiosas del género -Esquire, GQ, Harper's, The New Yorker y Paris Review- y una colección de ensayos y opiniones, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer.

Su editor, David Ulin, habló de él este sábado en una reunión de críticos literarios de Nueva York: "David fue de los principales escritores que devolvió la ambición, el sentido lúdico, el amor por contar historias y un experimentalismo exuberante a la novela a finales de los 80".

1 comentario: