My uncle’s first jeans

Por Juan Dicent

En el Bronx hay un zoológico con las jaulas abiertas. El león, el tigre y la hiena se asoman hacia Morris Park, y sin pensarlo dos veces se devuelven. Cuenta un mono muy viejo que un cocodrilo joven con todo el ímpetu de la inexperiencia se atrevió a llegar hasta la Southern Boulevard. Allí se mezcló con la gente; se burló de las falsas pieles de reptiles en zapatos exhibidos en vitrinas a punto de reventar con merengue, bachata, salsa, son y reggaetón; en su temeridad siguió a un grupo que iba para un club de strippers por Hunts Point; totalmente borracho se durmió en el tren 2 y regresó al zoológico sin cola, cojo, sordo y con una ceja afeitada.

Entre las calles cercanas al zoológico hay una con el nombre de un escritor que escribió sobre una ballena. En esa calle debajo de un árbol gigante hay una casa de dos pisos y un sótano. ¿Qué hora es? Ya son las siete, voy a entrar al sótano sin hacer ruido. Aquí vive un hombre con ojeras negras, noches de desvelos pensando en cómo hacer más dinero para regresar a su pueblo. Ese hombre es mi tío. En abril cumplirá 50 años y nunca se ha puesto unos jeans; su estilo puede ser catalogado de “Pachuco 1983.” De hecho, como el tío de Napoleon Dynamite, quisiera encontrar una máquina del tiempo y regresar a agosto del 83, precisamente un mes antes de venir a Nueva York. Ese mes lo pasó de despedida en despedida, bebiendo todos los días y en las madrugadas, acostado, mirando el techo, su imaginación proyectaba el futuro en las calles de Manhattan donde se enamoraba de una educada princesa rubia, se hacía millonario de una forma nunca definida y se graduaba de astronauta visitando la luna.

Mi tío no encontró su princesa, se casó con una dominicana de cabellos teñidos de amarillo pollito que se pasaba el día gritándole “Tú me tiene jarta macañema.” No se hizo millonario, maneja un taxi desde las 4 de la mañana hasta las 5 de la tarde de lunes a lunes y sin perder las esperanzas juega todas las lottos y raya y raya y raya buscando el millón de dólares pagaderos a 20 años. ¿No es asombroso cómo alguien puede pensar que va a estar vivo de aquí a 20 años? Ah, y no se ha graduado de astronauta, si lo hizo todavía no ha ido a la luna.

En noviembre, el fin de semana del pavo, su matrimonio tiró el último tiro. “Esa aquerosa lo que quiere e tar de clu en clu to las noche como si fuera una muchachita de 20 año”, es la versión de mi tío gritada en presencia de cualquiera, especialmente del hijo teenager de ambos. “Ese macañema lo que quiere e que uno se acuete como él a la 7 de la noche como si uno fuera una vieja con las vena de la piernas hinchá de varice”, es la versión de ella gritada en presencia de cualquiera, especialmente del hijo teenager de ambos. Yo, la verdad, creo que el matrimonio fue un éxito, duró más de 20 años sin un asesinato.

Mi tío se fue en diciembre para Bonao, sus primeras vacaciones en una década. Y así como en primavera las hojas brotan de las ramas que parecían estar secas, las ganas de vivir retoñaron en un cuerpo que parecía estar preparándose para los gusanos. ¿Tengo que decir que mi tío se enamoró de una muchachita de 20 años que lo mantuvo de discoteca en discoteca noche tras noche sin necesidad de cocaína? La familia no está contenta con ella, mis tías piensan que ella ve en mi tío a un pendejo viejo que le conseguirá una greencard y la sacará del país salvándola de los apagones, de los atracos por celulares, de bañarse tirándose con una latica agualluvia estancada que la hace sentir como piojos caminando por su cabeza cuando los gusarapos agonizan entre sus cabellos. “NO SE METAN CONMIGO COÑAZO, oren por mí, PERO NO SE METAN CONMIGO”, gritó mi tío y regresó a Nueva York con la idea de matarse trabajando para regresar a Bonao en abril, su cumpleaños, cuando colocará las bocinas en la marquesina con Peña Suazo, en vivo, desde el amanecer hasta el amanecer y matarán un chivo o dos, dependerá de los lambones.

El viernes me invitaron a un baby shower de una prima mía que tiene más de dos años aquí sin ver al esposo que se quedó con la hijita en Santo Domingo. En las escaleras me asusté con dos policías llamados por los vecinos para aplacar un poco el ruido y la saltadera, por poco y le digo “Yo tengo Social.” Adentro, casi borracho, estaba mi tío. Desde que me vio se acercó y, con la discreción de alguien que va a pedir dinero prestado, me llevó a una habitación cerrando la puerta. “Dino, tú sabe que yo tengo una chamaquita en Bonao y ella me dijo que cuando yo volviera sólo quería do cosa, bailá un reggaetón conmigo en la pita de Acuario y que yo me ponga jean, lo del reggaetón ta como jodón, pero yo quiero comprame uno jean y como tú siempre usa jean yo quiero que tú me acompañe a compralo.” Yo, con el asombro de una gallina que de un huevo empollado por ella ve nacer una culebra, le dije que sí, que claro, que yo lo acompaño. ¿No es increíble cómo el amor te hace hacer vainas que pensaste que nunca harías?

El primer día de la primavera fue frío. El viento tenía uñas arregladas por expertas coreanas. Si quería ir con mi tío debía llegar más temprano al trabajo y estar a las 6 de la mañana en la parada E-180 del tren 5, mucha gente. En los vagones nunca hay asientos vacíos, uno se pega de estos seres que huelen a jabón, a Listerine, a Agua Brava falsificada; que tienen los ojos llenos de desiertos con una mirada de no estar donde están. Vienen de otros países, sueñan regresar a sus pueblos, creen estar de paso, piensan que no viven en el Bronx cuando no sólo viven aquí, si no que aquí van a morir. Fantasmas con familias lejos pidiendo hasta el último centavo de sus sueldos; usando, para ahorrar, abrigos de tercera mano cuyos propietarios originales siempre han sido más gordos y más altos. Qué triste es ver a un hombre casi enano con rasgos indígenas metido, como un Rudy cualquiera, en un abrigo extra extra extra large de la universidad de Notre Dame. Los pobres, no se comen ni un dulce.

El Brooklyn Queens Expressway, o BQE, es una ruta comercial siempre congestionada. El miércoles a las dos y media iba un taxi con un merengue de Peña Suazo, en vivo, a todo volumen. El chofer acompañaba la orquesta tocando la tumbadora sobre el panel detrás del guía. El pasajero, ante la lentitud de un tapón que parecía contener todos los vehículos fabricados en el mundo, sentía una tentación inmensa de saltar y arrojarse a las ruedas de un camión lleno de embutidos de carne de jabalí. Mi tío baja un poco a Peña Suazo, en vivo, para contestar una llamada de un hombre que vino hace dos meses de Santiago Rodríguez y sin saber inglés, sin saber direcciones, ya está manejando un taxi.

-Oye varón, tú le dice al pasajero que te indique pa onde va, show me the way, tú le dice, y recuerda lo que te enseñé: Make a right, que doble a la derecha; make a lef, que doble a la iquierda; all the way down, que le dé pabajo hata lo último; all the way up, que le dé parriba hata el final; y right here, aquí e…

En la calle 86 en Brooklyn, a tres locales de la parada del tren R, hay una tienda muy grande donde venden todo a mitad de precio y de marca y siempre hay especiales. Encontrar parqueo no es fácil. Mi tío dio muchas vueltas hasta descubrir un espacio sospechosamente vacío. “NO PARKING MON-FRI FROM 8A TO 6P”, decía el letrero. Yo, en mi ignorancia de adepto al subway, le dije a mi tío que ahí no se podía parquear. Mi tío, en su sabiduría de taxista al que sólo le han puesto varias docenas de tickets, me contestó que eso era los lunes y los viernes y que hoy era miércoles.

Adentro de la tienda noté dos cosas:

1. Mi tío parecía un niño saludable en un parque de diversiones.
2. Todas las cajeras eran latinas y todas tenían patillas largas a lo Elvis Presley.

Mi tío compró como 30 artículos. Relojes Fossil de correas anchas imitación piel para él y para ella; blusas para ella, camisas para él con los mismos colores; trajebaños rojos para ambos; pantaloncillos estilo tangas para él y lingerie sexy para ella; varios jeans Lee, Levi’s y Diesel que va a dañar llevándolos al sastre para que le ponga los ruedos más estrechos. Cuando llegamos al carro encontramos, en el vidrio, ese sobre mamey terror de los conductores. Mi tío agarró la multa como si estuviera bregando con una cobra:

THE CITY OF NEW YORK
NOTICE OF PARKING VIOLATION
In violation of Sect 4-08 of NYC Traffic Rules
NO PARKING
DAYS/HRS: Mon-Fri/8a-6p
DATE/TIME OF OFFENSE
3/21/07 3:30pm
FINE AMOUNT: $60.00

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