Los ajustes (farsa damasquina), de Juan Tovar

PERSONAS
Narciso Pliego: abogado
Aureliano Matute: transportista
Malena Matute: fotógrafa
Poncio P. Solano: empresario

Escena: casa de seguridad en algún lugar de Huaxilán.

I

PLIEGO atado a una silla, con los ojos vendados y las manos esposadas detrás del respaldo. Exhausto, dormita. Llegan MATUTE y su sobrina MALENA, con equipo fotográfico. El cautivo despertará al oír sus voces.

MALENA: ¿Ahí se va a quedar?

MATUTE: Tal cual. Lo posamos, lo alumbras, le apuntas, disparas.

MALENA: Sale pues.

Se pone a preparar el equipo.

MATUTE: Hola, don Chicho. ¿Cómo le va?

PLIEGO: Como usted ve.

MATUTE: Pero ¿lo han tratado bien, en lo que cabe?

PLIEGO: Supongo que sí, ya que estoy vivo. ¿De qué se trata todo esto?

MATUTE: Es un secuestro, licenciado, y vamos a tomarle la foto.

PLIEGO: ¿Qué foto?

MATUTE: Pues una donde se vea que está usted vivo en esta fecha, por lo que me va a hacer el favor de sostener este periódico frente a su pecho…

PLIEGO: Como si pudiera.

MATUTE: Espérese, ahorita le suelto lo que haga falta… (Abre las esposas.) A ver, los brazos para adelante… (Cierra las esposas.) Así está bien… No, no, déjese la venda en paz. Sostenga este periódico… así. Eso es. Estése quieto.
MALENA enciende las luces. Mira por la cámara. Hace señas.

MALENA: Un poco más abajo, porque se tapa la cara.

MATUTE: Pero que se vea bien el titular.

MALENA: Sí se ve. “Aprueban plan austero”… No se ría, que no le queda.

PLIEGO: No me río, nomás me acuerdo.

MATUTE: Pues olvídese y ponga cara de circunstancias.

Pausa. MALENA toma varias fotos.

MALENA: Ya estuvo.

Transición. MALENA apaga las luces, sale con el equipo. MATUTE recobra el periódico.

PLIEGO: Entonces, piensan pedir rescate.

MATUTE: La foto siempre se toma. Es procedimiento.

PLIEGO: Pero ¿no estoy hablando con el jefe de la banda?

MATUTE: Jefes somos todos, mi jefe, cada quien en su área. Es una organización. Yo lo hice transportar aquí, alguien más sabrá para qué.

PLIEGO: Conque transportista… (Resopla.) Ya sé quién eres, Aureliano Matute. Puedes quitarme esta mugrosa venda.

MATUTE: Está limpia, don Chicho, y es de seda. Déjesela tranquila, por favor.

PLIEGO: ¿Pero qué caso tiene…?

MATUTE: Todavía tengo que hacer entrega.

PLIEGO: Cuánto burocratismo.

MATUTE: Es un operativo bien organizado. Déjese la venda tranquila o me veré obligado a volverlo a esposar como estaba.

PLIEGO: Mugre Mocho, eres capaz.

MATUTE: Fácil y rápido, con tantita manita de puerco. ¿Quieres ver?

PLIEGO: No, gracias.

MATUTE: Así me gusta. No es lo mismo el jefe Pliego que el jefe ciego, ¿verdad?

PLIEGO: Agua.

MATUTE: ¿Cómo dice?

PLIEGO: ¿Puedes darme un trago de agua, por favor?

MATUTE: No, agua no tengo, nomás chinguirito Sol Naciente.

PLIEGO: Sí, lo que sea.

MATUTE: Aquí tiene. Con cuidado…

Le pone la botella entre las manos. PLIEGO bebe a fondo. Reacción violenta; MATUTE rescata la botella.

MATUTE: Algo es algo y peor es nada, como dice la canción.

PLIEGO: Ay… ay… ay…

MATUTE: ¿Le cayó mal?

PLIEGO: Me lastiman estas cuerdas.

MATUTE: Procure no moverse.

PLIEGO: Esto es una indignidad injustificable.

MATUTE: Es procedimiento.

PLIEGO: Pero ¿por qué proceder contra mí? ¿Y cómo es que tú, Aureliano, te ocupas de este operativo? ¿No será por congraciarte con los que están haciendo la guerra a los transportistas?

MATUTE: Hombre, si esa guerra la dirijo yo. La asesoro, por lo menos.

PLIEGO: Contra tu propio gremio.

MATUTE: Le conviene a la mata una buena poda; así se robustece. Y aquellos tienen pretexto para militarizar el país…

PLIEGO: En prevención del esperado levantamiento conmemorativo. Pero yo ¿qué tengo que ver en esos enjuagues?

MATUTE: A saber… ¿No estarías planeando levantarte?

PLIEGO: ¡Cómo crees! Yo soy gente honorable, persona de ley.

MATUTE: Si de ella vives, ¿verdad? De leerla al derecho y al revés.

PLIEGO: Como tú de transportar sobre todo sustancias ilegales…

MATUTE: Cuyo tráfico es vital para la economía huaxilana. Lo bueno es que nos entendemos, ¿no es así?

PLIEGO: ¿Tú crees?

MATUTE: Estoy seguro. (Pausa.) No toques la venda.

PLIEGO: Me quiero rascar la nariz.

MATUTE: Aguántate.

Entra SOLANO.

II

SOLANO: Salud, caballeros. ¿Todo bien?

MATUTE: A la orden, señor.

SOLANO: ¿Tranquilo nuestro amigo?

MATUTE: Presentó resistencia.

SOLANO: Era de esperarse. Pero está ileso.

MATUTE: En lo que cabe.

SOLANO: Sí, ya veo que hasta se ríe.

PLIEGO: Es que te oyes ridículo queriendo hablar con otra voz, Poncho Solano. Déjense de payasadas y quítenme este trapo.

SOLANO: Parece un fular de seda.

MATUTE: Eso mismo es.

PLIEGO: Sea lo que sea, no tiene ningún caso. Y me quiero rascar la nariz.

SOLANO: Quítaselo. Y también las esposas, para que se rasque a gusto.

MATUTE obedece. PLIEGO se frota los ojos.

PLIEGO: Gracias a dios…

SOLANO: No hay de qué.

PLIEGO: Quítame de una vez las cuerdas, ¿no?

MATUTE: Está más complicado. Hay que llamar a los muchachos.

PLIEGO: ¿Por procedimiento?

MATUTE: Es que estos nudos yo no me los sé.

SOLANO: Que se queden así por lo pronto.

PLIEGO: Bueno, por lo menos nos vemos las caras. ¿De qué se trata esto, Poncho? ¿Qué te traes entre manos?

SOLANO: Yo, Chicho, como de costumbre, me preocupo por Huaxilán, y no ceso de fraguar planes para su bienestar y progreso. Dime, ¿te interesaría ser presidente?

PLIEGO: Me correspondería, más bien. Va llegando la hora de hacer ajustes radicales en la maquinaria del estado huaxilano y no hay nadie más que se aviente el tiro. Ciertamente no el uxoricida de los rizos de oro que parece ser tu gallo. ¿Es por eso que estás queriendo sacarme de la carrera?

SOLANO: Todo lo contrario, te aseguro. Los estudios de mercado confirman lo que dices y te señalan como el gobernante idóneo para la delicada maniobra de instaurar la dictadura. Puedes contar con mi apoyo.

PLIEGO: ¡Bonita manera de mostrarlo…! En vez de llamarme, invitarme a tomar una copa…

SOLANO: Copa no hay, pero sí te ofrezco un trago.

Le tiende su redoma. PLIEGO la toma y bebe con cautela.

PLIEGO: ¡Ah…! Esto es otra cosa.

SOLANO: Chinguirito añejo reposado, calidad de exportación, cuando se exportaba.

MATUTE: Todavía mandan mucho a Japón.

SOLANO: Del que ellos mismos hacen aquí.

MATUTE: Sí, pues. “Chinguirito Sol Naciente/ para una noche de oriente.”

SOLANO: Quién sabe qué entiendan por eso.

MATUTE: Bueno…, ellos son de allá, ¿no?

SOLANO: Precisamente.

PLIEGO: Oigan…, voy a tener que ir al baño.

SOLANO: Pero no te urge.

PLIEGO: Todavía no, pero ya quiere.

SOLANO: Llévalo, Mocho.

MATUTE: ¿Con todo y silla?

SOLANO: No, hombre, desátalo.

MATUTE intenta deshacer un nudo. Desiste.

MATUTE: Voy por los muchachos.

SOLANO: Olvídalo.

Se acerca a PLIEGO abriendo una navaja. Corta las cuerdas, se aparta.

MATUTE se acerca, se hace cargo.

MATUTE: A ver, a ver…, despacio.

Ayuda a Pliego a levantarse, sale con él.

III

Pausa. SOLANO bebe. Entra MALENA con fotografías en estado de prueba.

MALENA: ¡Ay! ¿Dónde están?

SOLANO: Fueron al baño. ¿Y tú?

MALENA: Yo… traigo las fotos.

SOLANO: A ver.

Empieza a mirarlas una por una. Ella lo observa.

MALENA: Usted es el Chupacabras, ¿verdad?

SOLANO: Me llamo Poncho. ¿Y tú?

MALENA: Malena. Malena Matute, a sus órdenes.

SOLANO: Hija del Mocho.

MALENA: Sobrina.

SOLANO: Fotógrafa.

MALENA: Desempleada, como medio mundo. Por eso mi tío me da chance…

SOLANO: Son buenas fotos. Yo creo que esta es la que usaríamos.

MALENA: Sí, ésa me gustó. Se ve que sufre.

SOLANO: Conmoverá a la gente, o al menos le dará una alegría.

MALENA: Más bien.

SOLANO: Pobre hombre, nadie lo quiere. ¿Por qué será?

MALENA: Pues… es muy déspota, muy intolerante…

SOLANO: Es un patriota con toda la barba en la mejor tradición de la democracia huaxilana.

Hay quienes votarían por él para presidente.

MALENA: Yo, no. Es un fascista.

SOLANO: Inevitablemente. Pero tiene buen corazón.

MALENA: Habría que sacárselo.

SOLANO: Metafóricamente hablando, por supuesto.

MALENA: Como fuera.

SOLANO: Digo, ya no son los tiempos del imperio azteca, ¿verdad?

MALENA: Igual se cometen atrocidades: los descuartizados, por ejemplo. Mi tío me contó de uno que para darle sepultura tuvieron que recoger sus pedazos por todo el país.

SOLANO: Sí, ya sé quién. El Ser Supremo, se hacía decir.

Bebe de su redoma. MALENA recurre a su botellín de agua. Pausa.

MALENA: Que los aztecas, que los españoles, que los belgas, que los yanquis, que los japoneses… y nosotros siempre de sometidos. ¿Por qué nunca habrá habido un imperio huaxilano?

SOLANO: Fatalidad histórica y hasta genética. Los aborígenes eran gente primitiva, sin ambiciones, que se contentaba con tener su chinguirito y su santa paz. Esa mentalidad sigue siendo un serio obstáculo para los empresarios con visión postmoderna que llegan a darse en estas latitudes. Lo bueno es que ahora, al reventar el país, cada quien va hallando su sitio en el imperio global. Tu tío, por lo pronto, ya entró en las listas de los ricos más ricos del mundo.

MALENA: Y usted ¿a qué le tira?

SOLANO: A mí me preocupan todavía los destinos de mi patria, que reventada y todo seguirá existiendo, metida desde luego en un corsé de hierro para evitar su desintegración. Justamente ahora, el tema es cómo será posible encorsetarla sin violencias contraproducentes, motivo por el cual estábamos hablando de la sucesión presidencial con nuestro invitado y factible candidato…

Regresa MATUTE con PLIEGO restaurado, quien toma asiento.

IV

PLIEGO: ¿Me das otro trago?

SOLANO: Tómale con confianza; mi redoma nunca se vacía.

PLIEGO (bebe): ¡Ahhh…! Pero… ¿cómo puede ser eso que dices?

SOLANO: Tengo trato con los espíritus.

PLIEGO: Eres lo que se llama un guajeador, Poncho. Según esto, me has hecho secuestrar y traer a este sitio para asegurarme tu apoyo en la carrera presidencial. Si tal es tu propósito, no entiendo el porqué de estos métodos salvajes e ilegales.

SOLANO: Es que no te acabé de explicar, Chicho. Por un lado, las investigaciones de mercado te favorecen. Por otro, sin embargo, las encuestas de popularidad indican que la tuya es prácticamente nula. Casi nadie votaría por ti.

PLIEGO: No importa. Se me declararía ganador por seguridad nacional.

SOLANO: Eso se parece demasiado a un golpe de Estado. Sería preferible mantener la democracia andando, con el fraude en niveles razonables…

PLIEGO: Pero es que se trata de una emergencia: tengo que ser yo, no hay nadie más que esté a la altura de la tarea.

SOLANO: Eso quién sabe. Es cosa de buscar.

PLIEGO: Si lo mejor que encuentras es un maricón uxoricida…

MALENA: ¿Qué es eso?

MATUTE: Que mató a su esposa.

MALENA: Ah, ya sé quién.

PLIEGO: Aunque tú le apostabas al sedicente líder del alzamiento conmemorativo, ¿verdad? Pero se te saló.

SOLANO: A causa de la chinguiriguerra, que según dicen fue idea tuya.

PLIEGO: No, a mí se me consultó y creo que alguna sugerencia hice, pero lo que yo sé es que la armaron entre el presidente y el Mocho. ¿O no, tú?

MATUTE: Estaban también el de la policía y el general. Yo los asesoré.

SOLANO: Sea como sea, ¿qué alzamiento podría haber con uniformados por todas partes? Además, el fascismo de izquierdas ya no cotiza bien en la bolsa. De modo que abandoné aquel plan para pasar al plan B, que es éste.

PLIEGO: ¿Secuestrarme y apoyarme…?

SOLANO: Mostrarte mi apoyo posibilitándote la conversión que tanta falta te hace.

PLIEGO: ¿De qué hablas?

SOLANO: De que te urge un cambio de imagen, Narciso, para hacer un buen papel en la carrera que te espera. Haz de cuenta que este es tu camino de Damasco, ¿recuerdas el bíblico incidente?

PLIEGO: Sí, claro. Saulo se quedó ciego…

SOLANO: Y oyó. Y se convirtió en San Pablo. Así tú, si durante tu secuestro escuchas razones y regresas al mundo siendo otro: ya no el jefe severo y enconado sino un buen viejo, una imagen paterna. Un ser cordial que muestra su corazón después de celosamente ocultarlo durante tanto tiempo. Puedes bordar a tu gusto la experiencia mística que atravesaste en tu cautiverio, dándole a los mochos por su lado y asegurándote su voto.

PLIEGO: ¿Quieres que invente?

SOLANO: Quiero que tomes conciencia y procedas en consecuencia. Si algo te enseña una experiencia como la que has pasado, tiene que ser que eres mortal y vulnerable, que en cualquier momento te puedes morir. Razón suficiente para cambiar de manera de ser, ¿no te parece?

PLIEGO: Yo soy como soy, y eso que dices lo sé desde siempre.

SOLANO: Pero una cosa es saberlo en abstracto y otra sentirlo de bulto. Por muchos miramientos que los muchachos del Mocho hayan tenido contigo, no me digas que no te metieron miedo.

MATUTE: O dímelo a mí, para que los despida.

PLIEGO: Eso no viene al caso. Yo soy el que soy, con miedo o sin miedo.

Pausa. SOLANO conferencia con MATUTE.

SOLANO: Parece que no fue suficiente.

MATUTE: Podemos traer al Quebrantahuesos, que estudió en Guantánamo.

SOLANO: Cambio de escenario. Ya no el converso iluminado sino el torturado que descubre en su sufrimiento la verdad de las cosas… (A Malena:) ¿Tú por cuál votarías?

MALENA: Yo, por el converso. El otro nomás me daría lástima.

SOLANO: ¿No admirarías su fortaleza de espíritu?

MALENA: No, pues sí, pero… ¿qué tanta podría quedarle? Digo, como que estaría demasiado dañado para gobernar un país, ¿no?

MATUTE: Para país dañado, presidente dañado.

SOLANO: No se puede hablar del país en esos términos.

MATUTE: Pero si así está, y todos lo sabemos.

SOLANO: Por eso mismo hay que pensar positivamente. ¿O no, jefe?

PLIEGO: Hay que apretar las tuercas y fortalecer los controles. Los ajustes necesarios requieren mano dura.

SOLANO: Muy bien, pero no olvides el guante. Tú eres quien eres y siempre lo serás: un dechado de virtudes ciudadanas. Sólo se trata de hacerte accesible para la ciudadanía mediante un ajuste general de tu conducta. De que dulcifiques tu expresión, por así decir.

PLIEGO: ¿Y cómo pretendes que lo haga?

SOLANO: Podrías empezar por rasurarte. Dar la cara, mostrar un rostro vulnerable, porque algo te habrá enseñado todo este episodio. Aprender tolerancia. Ser amable, para que la gente pueda amarte.

PLIEGO: Mi familia me ama.

SOLANO: Porque te conoce. Deja que la gente te conozca, Narciso: ábrele tu corazón.

Pausa. Debate interno de PLIEGO.

PLIEGO: No… mis principios… no puedo… (Rotundo:) No.

SOLANO: Nada por ahí, pues. Y el escenario del torturado no acaba de ser convincente. Tal parece que habrá que pasar al plan C.

PLIEGO: ¿Ricitos de oro?

SOLANO: No necesariamente. He encargado un sondeo de opinión para evaluar la factibilidad del retorno al poder de un antiguo presidente que años y felices días atrás hiciera un buen papel.

PLIEGO: ¿Tú…? No me hagas reír, que me duelen las costillas.

SOLANO: En fin, sea uno u otro o alguien más, el primer paso tendrá que ser, lógicamente, que el hallazgo y correspondiente identificación de tus restos mortales te descalifique a todas luces para la carrera. Así es que tú dirás.

Pausa.

MATUTE: Sería mejor negociarlo, para cubrir los gastos del operativo.

SOLANO: ¿Te parece conveniente?

MATUTE: Es procedimiento.

SOLANO: ¿Tú qué piensas, Malena?

MALENA: Habría que sacarle el corazón.

SOLANO: ¿Lo quieres de recuerdo?

MALENA: Quiero verlo, porque a lo mejor ni tiene.

SOLANO: No estaría vivo.

MALENA: Sí, por eso.

SOLANO: Te presto mi navaja, si quieres abrirlo tú misma.

MALENA: No, ¿qué tal si está vivo y lo mato?

SOLANO: Será que ya le tocaba.

Pausa.

MATUTE: Va de volado, pues. ¿Guaje o Suárez?

Lanza al aire una moneda para cacharla después.

SOLANO: Guaje.

MATUTE destapa la moneda, la miran.

MATUTE: Guaje. (Pausa.) ¿Les hablo a los muchachos?

SOLANO: Espérate. Creo que lo está pensando.

Oscuro.

Fuente: La Jornada

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