Sueños, de Moisés Sandoval

A veces los sueños se empeñan en revelar algo.
Ciertamente.
Pongámoslo así:
cuando soñamos, iniciamos con una apretada síntesis de los acontecimientos que marcaron nuestros mas recientes días, tal como si trasladáramos la realidad a una melancólica película de comedia que pasaron en un cine que ya no existe.

Pero he aquí que en ocasiones los sueños se salen de control y, como si tuvieran vida propia, neciamente se empeñan en involucrarnos en escenas perturbadoras que atenazan la garganta, y cuyo vil propósito es el de despertarnos a media madrugada con el estallido de un barril de pólvora que sigilosamente mantenían oculto en nuestro pecho.

Efectivamente, es notable esa capacidad que tienen los sueños para mostrarnos los deseos y miedos que durante largo tiempo permanecían agazapados en un rincón del alma, es grandiosa esa habilidad que tienen para develarnos sentimientos que creímos fugaces o algún recuerdo perdido que ahora no cesa.

Luego, cuando por fin volvemos a conciliarlo, ya casi llegando la mañana, poco a poco nos van adentrando en una inquietud vacilante por lo que dejamos ir, para dejarnos definitivamente en un terrible estado de angustia.

¿Qué nos quieren decir los sueños?
¿Qué nos quieren dar a entender con esa rancia película?

Es mejor evitar cenar abundantemente antes de acostarnos...

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